lunes, 27 de abril de 2009

El lado positivo de la gripe porcina

(English version, here)

El problema de la gripe porcina aparentemente ya llevaba varios días preocupando a los encargados de la salud en México, pero en mi caso -y creo que la mayoría nos enteramos así- el tema apareció abruptamente el jueves por la noche cuando informaron que al día siguiente se cerrarían las escuelas de la zona metropolitana.

En las 72 horas que han transcurrido desde ese "¿de qué hablan?" inicial, el asunto ha crecido en forma explosiva, para dominar no sólo todos los espacios informativos del país, sino también las actividades públicas y privadas, y el ánimo de la mayoría. Y de acuerdo con mis indagaciones en Internet, el mundo entero está mostrando alarma.

No tiene caso hablar de lo que ya todos saben (la gripe en sí, las estrategias tipo cuarentena, los tapabocas, la suspensión de actividades...). Mejor haré una reflexión sobre algún saldo positivo que en mi opinión podría surgir de esta situación: su efecto de concientización sobre la gente.

Mi impresión es que los mexicanos en general, y los chilangos no somos la excepción, con frecuencia somos dados a ver con apatía los asuntos de interés común, lo cual por definición se traduce en una falta de interés para: a) Asumirnos como corresponsables de los mismos, y b) Participar en su prevención y corrección.

Esta cuestión abarca todos los ámbitos: desde el uso frívolo del automóvil (vehículos de peso excesivo, recorridos no justificados...) y el desperdicio de agua, hasta el patrocinio de la delincuencia organizada comprando productos ilegales, pasando por arrojar basura en la calle, estacionarnos en lugares prohibidos, consumir alimentos sin higiene, etcétera.

Ahora, ante la llamada influenza porcina, todos nos veremos obligados a replantearnos este tipo de actitudes.

Mi opinión es que el gobierno ha hecho bien su parte: ha limitado enérgicamente las concentraciones de gente, y ha emprendido una intensísiva campaña de comunicación encaminada a crear entre la población conciencia sobre la gravedad del problema. Y también es de destacarse la seriedad que los gobiernos federal y del DF han mostrado al dejar de lado sus problemas y mostrar una postura unificada ante el problema.



También se ha visto una actitud responsable por parte de empresas y organizaciones que pueden tener un impacto público en sus decisiones. Los medios de comunicación han sido bastante cuidadosos en no sembrar el pánico, pero al mismo tiempo han enfatizado la información relativa a la prevención de contagios. Las empresas de entretenimiento han accedido de buena gana a los llamados para cancelar actos masivos, pese a que en muchos casos ello acarreará un daño económico importante (pienso en el partido Pumas-Guadalajara, que con su aforo garantizado de unas 70,000 personas significó una pérdida de unos $7 millones tan sólo en boletaje).

Así, la 'bolita' está en manos de la población: Cada persona tiene que actuar responsablemente cuidándose a sí misma y a su familia, con lo cual evitará de paso que el virus siga propagándose.

Me parece increíble que en el metro, por ejemplo, sigamos viendo personas que no se protegen (y protegen a los demás) con un cubrebocas. A estas alturas, eso no es sino una muestra de irresponsabilidad e inconciencia.

Pero en general se ve una actitud de completa sensibilidad hacia el asunto. Es evidente que la gente está inquieta por la alerta sanitaria, y entre las personas que tengo a mi alrededor veo mucha disposición para mantener la disciplina que el momento impone.

Proporciones guardadas, comparo un poco esta situación con lo que se vivió en los terremotos de 1985 (por cierto, es la primera vez desde entonces que el gobierno decreta la suspensión de actividades escolares). En forma similar a lo que en esa época se vio, los medios de comunicación están muy abocados a difundir entre la población información relativa a la emergencia, y el público tiene un papel activo que cumplir para que esto pueda quede atrás con un mínimo daño.

El 85 tuvo un saldo social impresionante: la gente se dio cuenta del poder de la movilización, y fue entonces cuando nacieron muchos de los movimientos que en estas dos décadas han cambiado la cara del país. La 'rebelión' social que dio paso al salto de la izquierda, derivando en la nunca aclarada elección presidencial de 1988; el posterior nacimiento del PRD; y por último la llegada de la oposición a la presidencia, todo eso tuvo una semilla indiscutible en la movilización surgida para enfrentar los terremotos.

Así, si la influenza en efecto nos va a obligar a movernos y pensar, la pregunta es obligada: ¿En qué va a fructificar esta semilla?

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