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viernes, 15 de mayo de 2009

Nuevo puente en Revolución y Río Mixcoac

Entre los muchos problemas que esta ciudad enfrenta, uno de los más visibles es el excesivo tráfico vehícular. Hay muchos incentivos para comprar coches: facilidades de pago para compras a crédito, transporte público insuficiente y de baja calidad, y presión social para contar con un coche que luzca; todo eso explica que el parque vehícular de la zona metropolitana lleve años creciendo de manera descontrolada.

El problema es que la disponibilidad de avenidas y calles para rodamiento, simplemente no se incrementa con el mismo ritmo que el número de coches, lo cual tiene una consecuencia que todos conocemos bien: las calles cada día están un poquito más saturadas, y los embotellamientos poco a poco se vuelven un problema que vuelve imposible la vida en esta ciudad.

Ante dicha situación, de unos años para acá el gobierno de la ciudad ha emprendido algunas obras espectaculares en materia de puentes y vías rápidas. Esta dinámica empezó hace unos 7 años, cuando López Obrador construyó el distribuidor vial de San Antonio, un espectacular complejo de puentes que comunica el Viaducto, el Periférico y los ejes 5 y 6, resolviendo algunos importantes "nudos" que tenían desquiciada esa zona. Poco después echó a andar un segundo distribuidor: el de Zaragoza, que se encuentra ubicado en la zona de San Lázaro, frente a la Central Camionera de Oriente (la TAPO) y a la Cámara de Diputados.

Y luego vino la más espectacular de estas obras: el segundo piso del periférico. Durante un par de años, quienes circulaban por esta importantísima vía "rápida" (no se rían, eso se supone que es) vivieron una auténtica pesadilla debido a las grúas, camiones y todo tipo de maquinaria que causaron una situación permanente de caos vial en la zona sur de la ciudad. Obviamente, la gente criticó el asunto hasta más no poder; pero -ya lo he dicho en otra ocasión- si queremos que los problemas se arreglen, hay que pagar un costo; y si el gobierno de la ciudad abandona durante 20 años el desarrollo de infraestructura vial, es por completo ingenuo esperar que alguien reordene el asunto sin que la cura sea dolorosa.

Construcción del puente de Mixcoac, en una etapa temprana.
Exactamente en el cruce de Extremadura y Revolución (metro Mixcoac)
.

En fin, el tema es que la construcción de infraestructura vial ha seguido adelante, y lo más reciente se refiere a la construcción de algunos puentes para dar continuidad al circuito interior en el tramo que va de Av. Revolución al aeropuerto.

El mismo punto, en una fase avanzada de la construcción.

Como parte de este proyecto, esta semana Marcelo Ebrard inauguró el puente que desde hace unos meses se venía construyendo al poniente de la ciudad, en el cruce de Av. Revolución y Río Mixcoac, donde el circuito interior da vuelta para dirigirse hacia el oriente.

El puente ya inaugurado (pero como se ve, la obra no está terminada)

Este puente corre en un solo sentido (de Revolución, norte-sur, a Río Mixcoac, hacia el oriente) y previsiblemente resolverá los embotellamientos en el cruce de referencia. Pero se está dando un problema que ya antes se ha presentado en muchas de estas obras: el tráfico ahí se despejó y los coches cruzan libremente, pero ahora se da la situación de que están llegando demasiados coches al siguiente cruce, que es un simple semáforo en la esquina de Insurgentes y Río Mixcoac (donde está el cine Manacar). Y un par de calles más adelante el problema se repite, en el semáforo donde cruzan San Francisco, Barranca del Muerto y Río Mixcoac; pasando ese punto, el tráfico ya se reincorpora a los puentes del circuito interior en Río Churubusco, incluyendo el nuevo que se construyó sobre Av. México Coyoacán, junto a la Cineteca Nacional.

Tráfico que corre por Río Mixcoac, de Insurgentes a Revolución. Del
lado
izquierdo, el puente que baja hacia el semáforo en Insurgentes.

En pocas palabras, el puente resolvió un problema vial, pero creó uno nuevo, unos 400 metros más adelante.

¿Cómo están resolviendo este nuevo cuello de botella? Por lo pronto, colocando agentes de tránsito en los dos cruces mencionados, a fin de que con sus propios criterios -y al margen de los semáforos que ahí operan- administren el cruce de autos.

Esta "solución", está de más decirlo, es una medida cosmética, pues evidentemente está pensada para evitar críticas a la obra recién inaugurada, no importando el efecto negativo que está teniendo sobre el tráfico de Insurgentes y las calles menores del siguiente cruce.

Prefiero no ser demasiado crítico ante esta situación, pues se trata de una medida exactamente idéntica a lo que el gobierno hizo en la bajada del distribuidor vial en el eje 6 sur hacia Insurgentes, y con el tiempo se logró que ese punto ya se tenga una circulación aceptable. Es decir, les doy el beneficio de la duda.

Sea como sea, para que estas obras en verdad tengan resultados óptimos, será indispensable que la ruta se complete con puentes o pasos a desnivel, pues por más fluidez que se logre, el beneficio se pierde mucho si unos metros más adelante hay un semáforo donde el tráfico se tendrá que detener.

Lo que definitivamente no me gusta, es ver el desempeño de los agentes de tránsito.

Agentes de tránsito dejando pasar el tráfico de Río Mixcoac, a costa de quienes circulan por Insurgentes (a mi izquierda, fuera de la imagen, mil cláxones mentando madres).

En primer lugar, es bastante obvio que estos pobres carecen de la capacitación necesaria para hacer las veces de un semáforo, y a final de cuentas su criterio para decidir cuándo circula una calle o la otra, se reduce a "medir" la cantidad de mentadas de madre que reciben a claxonazos por parte de la calle detenida. Y en segudo lugar está el efecto colateral -pero en mi opinión, muy trascendente- que este tipo de situaciones tran consigo: la pérdida de respeto y confianza hacia estos servidores públicos por parte de la ciudadanía (y, peor, por parte de ellos mismos).

Yo creo que es en verdad difícil hacer una programación de semáforos que resulte útil para situaciones de tráfico tan volátiles como las que tenemos en esta ciudad. Pero si ya están los semáforos, ¿no podrán establecer un procedimiento para que un par de agentes ¡bien capacitados! los controlen en forma transparente -sin ser vistos y sin recibir mentadas-, y sobre todo eficaz?

Sería mejor para ellos, mejor para nosotros, y mejor para la credibilidad del gobierno de la ciudad.

lunes, 16 de marzo de 2009

Arréglenme esto, pero no le muevan...

Si algo caracteriza a los habitantes de la Ciudad de México en la actualidad, es el hecho de querer que todo cambie... sin que cambie nada.

Y es que la gente que vive en esta insólita ciudad se queja todo el tiempo de qué tan mal están las cosas: el tráfico, la inseguridad, la contaminación, etc etc etc. Pero en el momento en que el gobierno decide actuar para corregir cualquiera de esos problemas, entonces nadie está dispuesto a ceder ni un milímetro para que se den los cambios que supuestamente todo el mundo está esperando.

Esto viene al caso por una situación que en las últimas semanas se ha venido dando en Las Lomas y Polanco, a raíz de la construcción de una obra que supuestamente deberá aligerar el caos vial que se vive en esa zona. Polanco, para quienes no lo sepan, fue hasta hace un par de décadas una colonia residencial de muy alto nivel, con calles bonitas y tranquilas; pero hoy en día se ha convertido en una zona de negocios y oficinas con altísima afluencia de autos y personas, lo cual es motivo de un tráfico en verdad tremendo todos los días laborables. Y Las Lomas, aun cuando se ha mantenido más a salvo de la "invasión" de negocios, tiene el serio problema de ser ruta de paso hacia zonas muy activas, como son Santa Fe y las numerosas colonias residenciales que han ido poblando el poniente de la ciudad, en la salida a Toluca; y eso también mantiene muy congestinadas sus avenidas principales, que son Reforma y Palmas.

Así las cosas, no es extraño que el gobierno delegacional de Miguel Hidalgo haya decidido hace unos meses hacer una serie de obras que involucran algún paso a desnivel (Palmas y Reforma) y un puente (Ferrocarril de Cuernavaca y Ejército Nacional), con miras a tener más continuidad en el tráfico vehicular.

Pero parece que a "los vecinos" no les gusta la idea. (Uso comillas, porque sabemos muy bien ese tipo de autodenominaciones -"el pueblo", "los trabajadores", "los vecinos", etc.- suelen ser más bien membretes que algunos 'vivos' utilizan para colocarse como poseedores de una verdad que no siempre es tan colectiva como pretenden.)

En fin, decía que "los vecinos" no están de acuerdo con la construcción de puentes y pasos a desnivel. Claro que argumentan todo tipo de razones -ecológicas, urbanas, ingenieriles...- pero hay razones para pensar que no son ciertas. ¿De verdad creeemos que las señoras de Las Lomas entienden de proyectos viales? ¿Los alumnos del Liceo Franco Mexicano se habrán puesto a pensar que el daño ambiental de miles de autos en un embotellamiento, todos los días, es mucho más alto que el costo de podar algunos árboles? De hecho, ¿en verdad les interesa? Tiendo a sospechar que lo que no les gusta es que su colonia, tan elegante, se vea ultrajada por el concreto de las vialidades expandidas.

Y en verdad los entiendo, porque sin duda es triste ver cómo el señorío de estos barrios ha ido sucumbiendo ante la interminable colección de abusos e irresponsabilidades urbanísticas y arquitectónicas propias de una ciudad sin planeación.

Pero es demasiado tarde: la realidad es que estamos ahogados en coches, y hay que arreglarlo. Estoy seguro todos los vecinos quieren que la situación cambie, pero sospecho que al mismo tiempo, no quieren que nada cambie.

¿Alguien sabe cómo se hace eso?